El Padre Titus Brandsma ladró como perro y en el cielo le canto a Dios

Hay tantos sacerdotes que en la historia de la Iglesia han sido verdaderamente un ejemplo de santidad y de fe. Pero desafortunadamente nuestra comunidad católica conoce poco de ellos. Cuantos mártires y santos de nuestra Iglesia ahora gozan de la vida eterna pero su estilo de vida ha sido desconocido o ignorado por muchos.

Da tristeza que cuando un sacerdote es acusando por cualquier motivo su calumnia o su falta llama más la atención que la multitud de buenas obras que el sacerdote haya realizado en su vida pastoral. Los condenamos inmediatamente y los enviamos a la obscuridad por cualquier error humano.

El padre Titus a los 17 años, toca las puertas del convento Carmelita de Boxmeer.

En el convento de Zenderen empieza a desarrollar sus talentos como periodista; escribe temas de historia y en octubre de 1909 la Universidad Gregoriana lo doctora. El 10 de mayo de 1940 los tanques alemanes invaden Holanda. El Padre Titus es considerado por la Gestapo como un enemigo peligroso que hay que combatir.

El Padre Titus es arrestado y conducido a un campo de concentración Nazi. Cuando llego allí lo pusieron en una perrera. Cada vez que los guardias pasaban delante de la jaula se burlaban del, ordenándole que ladrara como un perro. Después de un tiempo, el sacerdote murió de tanta tortura que recibió. Lo que no sabían los Nazis era que el sacerdote había dejado escrito, entre las líneas impresas de un antiguo libro de oraciones, todo lo que había ocurrido. Una de sus paginas tienen escrito este poema de Jesús: “Ninguna pena llegara a mi camino que yo ya no hay visto en tus tristes ojos. El camino solitario que recorriste me ha preparado para el dolor… tu amor ha convertido en luz brillante este camino oscuro… quédate conmigo, Señor, quédate. No sentiré miedo si, al estirar mi mano, te siento cerca de mi”.

En la vida de Titus Brandsma, acción y contemplación, mística y política, estaban unidas. Como persona profundamente religiosa buscaba a Dios en la oración y en el rostro de las personas de su tiempo. La espiritualidad no era para el teoría abstracta, sino realidad vivida. El Padre Tito ahora ya no ladra pues en el cielo canta y alaba las maravillas de Dios que han puesto en los pies de este gran y santo sacerdote.

Hay tantos sacerdotes que en la historia de la Iglesia han sido verdaderamente un ejemplo de santidad y de fe. Pero desafortunadamente nuestra comunidad católica conoce poco de ellos. Cuantos mártires y santos de nuestra Iglesia ahora gozan de la vida eterna pero su estilo de vida ha sido desconocido o ignorado por muchos.

Da tristeza que cuando un sacerdote es acusando por cualquier motivo su calumnia o su falta llama más la atención que la multitud de buenas obras que el sacerdote haya realizado en su vida pastoral. Los condenamos inmediatamente y los enviamos a la obscuridad por cualquier error humano.

El padre Titus a los 17 años, toca las puertas del convento Carmelita de Boxmeer.

En el convento de Zenderen empieza a desarrollar sus talentos como periodista; escribe temas de historia y en octubre de 1909 la Universidad Gregoriana lo doctora. El 10 de mayo de 1940 los tanques alemanes invaden Holanda. El Padre Titus es considerado por la Gestapo como un enemigo peligroso que hay que combatir.

El Padre Titus es arrestado y conducido a un campo de concentración Nazi. Cuando llego allí lo pusieron en una perrera. Cada vez que los guardias pasaban delante de la jaula se burlaban del, ordenándole que ladrara como un perro. Después de un tiempo, el sacerdote murió de tanta tortura que recibió. Lo que no sabían los Nazis era que el sacerdote había dejado escrito, entre las líneas impresas de un antiguo libro de oraciones, todo lo que había ocurrido. Una de sus paginas tienen escrito este poema de Jesús: “Ninguna pena llegara a mi camino que yo ya no hay visto en tus tristes ojos. El camino solitario que recorriste me ha preparado para el dolor… tu amor ha convertido en luz brillante este camino oscuro… quédate conmigo, Señor, quédate. No sentiré miedo si, al estirar mi mano, te siento cerca de mi”.

En la vida de Titus Brandsma, acción y contemplación, mística y política, estaban unidas. Como persona profundamente religiosa buscaba a Dios en la oración y en el rostro de las personas de su tiempo. La espiritualidad no era para el teoría abstracta, sino realidad vivida. El Padre Tito ahora ya no ladra pues en el cielo canta y alaba las maravillas de Dios que han puesto en los pies de este gran y santo sacerdote.

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