Deon Meyer, el sudafricano blanco convertido en la voz negra de su país

Si Henning Mankell es ya Suecia o Ian Rankin Escocia, el escritor Deon Meyer se ha convertido en la voz de Sudáfrica con sus novelas negras que muestran un país que sigue luchando por el sueño de Mandela en medio de grandes dificultades. Ahora se publica en español su "Safari sangriento".Un thriller publicada por RBA, sobre las consecuencias del apartheid, que acabó en los noventa, en la actual Sudáfrica; los rencores, la pobreza, el turismo sin control, las actividades secretas del Gobierno, la destrucción del medioambiente, el espionaje o las grandes multinacionales."Creo que la novela negra hoy tiene tanto éxito o los lectores la reclaman tanto porque refleja muy bien la fragilidad, los puntos débiles de los seres humanos y, además o como consecuencia, retrata muy bien la sociedad", explica hoy a Efe Deon Meyer (Paarl, Sudáfrica, 1958) que está estos días por España, presentado su novela.Afable y muy simpático, Meyer quiere dejar claro que la novela negra es solo una ventana para mirar, pero que hay muchas otras maneras. El autor considera que "lo 'noir' es muy efectivo, porque a través del retrato del desorden social y humano, al final esta pone orden y triunfa el bien, cosa que en la vida real no pasa".Deon Meyer muestra en "Safari sangriento" un país muy distinto al que ofrecen las guías turísticas, la belleza de un paisaje, cada vez más deteriorado y corrupto, que lucha por mantener y cuidar a sus animales salvajes.Y ello lo hace a través de Lemmer, un guardaespaldas rudo a la vez que tierno e infalible, sin músculos ni gafas negras de marca, que en esta novela está protegiendo a Emma Le Roux, una joven sudafricana, consultora de marcas, a la que han querido asesinar.Emma Le Roux está intentado saber si su hermano, Jacobus Daniël, desaparecido hace veinte años, es el activista que combate en defensa de los buitres en peligro de extinción y los elefantes y al que busca la policía de Hoedspruit, al norte del país.El viaje por todo el país, la intriga hasta el final y la tensión es una de las constantes de este relato de estilo directo y vibrante, que destapa toda una red de intereses, que sabe y conoce el propio Daniël, testigo de la participación del Gobierno y el Ejército sudafricano en el asesinato del primer ministro de Mozambique en 1986."Creo que en algunos casos la novelas negra ha sustituido a los grandes reportajes que se hacían antes -sostiene Meyer-. Ahora los trabajos en los periódicos, desde luego en Sudáfrica y en Inglaterra son cada vez mas cortos y superficiales y cada vez hay menos investigación".En este sentido, el autor de "Sombras del pasado" o "El corazón del cazador", premiado en Europa, Estados Unidos y Sudáfrica, y traducido a veinticinco idiomas, asegura que la ficción, en muchos casos, es más efectiva que el ensayo o el reportaje."La ficción te permite poner al lector a ambos lados de las cosas, ni blanco ni negro, sino en gris, y hace que cuando escribas puedas poner al lector bajo todos los puntos de vista y que sea este el que elija", precisa. Carmen Sigüenza

Si Henning Mankell es ya Suecia o Ian Rankin Escocia, el escritor Deon Meyer se ha convertido en la voz de Sudáfrica con sus novelas negras que muestran un país que sigue luchando por el sueño de Mandela en medio de grandes dificultades. Ahora se publica en español su "Safari sangriento".Un thriller publicada por RBA, sobre las consecuencias del apartheid, que acabó en los noventa, en la actual Sudáfrica; los rencores, la pobreza, el turismo sin control, las actividades secretas del Gobierno, la destrucción del medioambiente, el espionaje o las grandes multinacionales."Creo que la novela negra hoy tiene tanto éxito o los lectores la reclaman tanto porque refleja muy bien la fragilidad, los puntos débiles de los seres humanos y, además o como consecuencia, retrata muy bien la sociedad", explica hoy a Efe Deon Meyer (Paarl, Sudáfrica, 1958) que está estos días por España, presentado su novela.Afable y muy simpático, Meyer quiere dejar claro que la novela negra es solo una ventana para mirar, pero que hay muchas otras maneras. El autor considera que "lo 'noir' es muy efectivo, porque a través del retrato del desorden social y humano, al final esta pone orden y triunfa el bien, cosa que en la vida real no pasa".Deon Meyer muestra en "Safari sangriento" un país muy distinto al que ofrecen las guías turísticas, la belleza de un paisaje, cada vez más deteriorado y corrupto, que lucha por mantener y cuidar a sus animales salvajes.Y ello lo hace a través de Lemmer, un guardaespaldas rudo a la vez que tierno e infalible, sin músculos ni gafas negras de marca, que en esta novela está protegiendo a Emma Le Roux, una joven sudafricana, consultora de marcas, a la que han querido asesinar.Emma Le Roux está intentado saber si su hermano, Jacobus Daniël, desaparecido hace veinte años, es el activista que combate en defensa de los buitres en peligro de extinción y los elefantes y al que busca la policía de Hoedspruit, al norte del país.El viaje por todo el país, la intriga hasta el final y la tensión es una de las constantes de este relato de estilo directo y vibrante, que destapa toda una red de intereses, que sabe y conoce el propio Daniël, testigo de la participación del Gobierno y el Ejército sudafricano en el asesinato del primer ministro de Mozambique en 1986."Creo que en algunos casos la novelas negra ha sustituido a los grandes reportajes que se hacían antes -sostiene Meyer-. Ahora los trabajos en los periódicos, desde luego en Sudáfrica y en Inglaterra son cada vez mas cortos y superficiales y cada vez hay menos investigación".En este sentido, el autor de "Sombras del pasado" o "El corazón del cazador", premiado en Europa, Estados Unidos y Sudáfrica, y traducido a veinticinco idiomas, asegura que la ficción, en muchos casos, es más efectiva que el ensayo o el reportaje."La ficción te permite poner al lector a ambos lados de las cosas, ni blanco ni negro, sino en gris, y hace que cuando escribas puedas poner al lector bajo todos los puntos de vista y que sea este el que elija", precisa. Carmen Sigüenza

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