Una exposición retrata en Inglaterra la evolución de la comida en el arte

La forma en que el arte ha representado la comida a lo largo de los siglos centra la muestra "Una fiesta para la vista", que se exhibe en el palacio-museo Bowes, empeñado en atraer turismo hacia el norte de Inglaterra.La muestra, integrada por cuadros, cerámica, facturas, libros de recetas y menús, inaugura la temporada del Museo Bowes, un palacio del siglo XIX ubicado en Barnard Castle, una pequeña localidad del condado de Durham, cercano a Escocia."La comida no es solo comida, también es historia de la humanidad", subraya en la presentación el historiador especializado en alimentación Ivan Day, sobre el papel del arte como testimonio de los comportamientos sociales que lleva asociados.La exposición "Una fiesta para la vista: la moda de la comida en el arte", inaugurada este fin de semana, se abre con "Verano 4" (hacia 1560) de Giuseppe Arcimboldo, perteneciente a su colección sobre las cuatro estaciones, cuyas réplicas en tres dimensiones, obra del estadounidense Philip Haas, también forman parte de la muestra.Cuadros como "The Tea Party" (1727) de Richard Collins o "Bank Holiday" (1912) de William Strang revelan cómo la introducción del té o el café a partir del siglo XVII dio lugar a rituales sociales como las tertulias."Estas pinturas transmiten mensajes interesantes", asegura la conservadora del museo, Jane Whittaker, en referencia a obras como "Mono tocando el laúd" pintado en el siglo XIX por Alexander-Gabriel Decamps, que presenta a ese animal junto a botellas de absenta.El absenta o "hada verde" se popularizó a partir de 1850 y provocó un aumento considerable del alcoholismo en París, consecuencias que Decamps parodia con la figura del mono en su cuadro."Una fiesta para la vista" cuenta también con obras españolas como "Bodegón de espárragos, alcachofas, limones y cerezas" (s.XVI) de Blas de Ledesma o "Bodegón con guacamayo", de autor desconocido pero que se atribuye a la escuela española del siglo XVII por la presencia de una gran porción de queso manchego.Los bodegones son grandes protagonistas de la exposición como "New York Still Life", una fotografía de Irving Penn que destaca como la pieza más contemporánea y también la única en blanco y negro."Las pinturas también nos cuentan la vida ordinaria de la gente, lo que comían, no solo los ricos", explica Whittaker.La vida rural de finales del siglo XIX y principios del XX queda representada en un óleo de dos mujeres recolectando manzanas en su huerto titulado "September", cuyo autor es el inglés Edmund Blair Leighton.La exposición apuesta por "dar vida a los cuadros" y, por ello, se recrean en la vida real un bodegón de Josephine Bowes, fundadora de este museo abierto en 1892, y la acuarela "The Supper", de autor desconocido que inmortaliza un banquete de la época victoriana."La comida es una buena excusa para traer a la gente al museo", señala la conservadora acerca de una exposición que se mostrará al público hasta el 6 de enero y con la que se pretende impulsar el turismo en el condado de County Durham.El mismo objetivo persigue el castillo de Auckland, situado en una localidad cercana y antigua sede de los obispos de Durham que, actualmente, busca financiación para convertirse en museo y en una atracción turística más.Entre sus atractivos cuenta con casi toda la colección de "Jacobo y sus doce hijos" del pintor español Francisco de Zurbarán, adquirida en 1756 por el obispo Richard Trevor y salvada el año pasado de ser subastada gracias a una donación millonaria de un filántropo.Los cuadros, de casi dos metros y medio y pintados por Zurbarán entre 1640 y 1645, representan a Jacobo y sus doce hijos. El duodécimo, Bejamín, no es en realidad obra del pintor extremeño sino del británico Arthur Pond, artista del siglo XVIII. Paula Díaz.

La forma en que el arte ha representado la comida a lo largo de los siglos centra la muestra "Una fiesta para la vista", que se exhibe en el palacio-museo Bowes, empeñado en atraer turismo hacia el norte de Inglaterra.La muestra, integrada por cuadros, cerámica, facturas, libros de recetas y menús, inaugura la temporada del Museo Bowes, un palacio del siglo XIX ubicado en Barnard Castle, una pequeña localidad del condado de Durham, cercano a Escocia."La comida no es solo comida, también es historia de la humanidad", subraya en la presentación el historiador especializado en alimentación Ivan Day, sobre el papel del arte como testimonio de los comportamientos sociales que lleva asociados.La exposición "Una fiesta para la vista: la moda de la comida en el arte", inaugurada este fin de semana, se abre con "Verano 4" (hacia 1560) de Giuseppe Arcimboldo, perteneciente a su colección sobre las cuatro estaciones, cuyas réplicas en tres dimensiones, obra del estadounidense Philip Haas, también forman parte de la muestra.Cuadros como "The Tea Party" (1727) de Richard Collins o "Bank Holiday" (1912) de William Strang revelan cómo la introducción del té o el café a partir del siglo XVII dio lugar a rituales sociales como las tertulias."Estas pinturas transmiten mensajes interesantes", asegura la conservadora del museo, Jane Whittaker, en referencia a obras como "Mono tocando el laúd" pintado en el siglo XIX por Alexander-Gabriel Decamps, que presenta a ese animal junto a botellas de absenta.El absenta o "hada verde" se popularizó a partir de 1850 y provocó un aumento considerable del alcoholismo en París, consecuencias que Decamps parodia con la figura del mono en su cuadro."Una fiesta para la vista" cuenta también con obras españolas como "Bodegón de espárragos, alcachofas, limones y cerezas" (s.XVI) de Blas de Ledesma o "Bodegón con guacamayo", de autor desconocido pero que se atribuye a la escuela española del siglo XVII por la presencia de una gran porción de queso manchego.Los bodegones son grandes protagonistas de la exposición como "New York Still Life", una fotografía de Irving Penn que destaca como la pieza más contemporánea y también la única en blanco y negro."Las pinturas también nos cuentan la vida ordinaria de la gente, lo que comían, no solo los ricos", explica Whittaker.La vida rural de finales del siglo XIX y principios del XX queda representada en un óleo de dos mujeres recolectando manzanas en su huerto titulado "September", cuyo autor es el inglés Edmund Blair Leighton.La exposición apuesta por "dar vida a los cuadros" y, por ello, se recrean en la vida real un bodegón de Josephine Bowes, fundadora de este museo abierto en 1892, y la acuarela "The Supper", de autor desconocido que inmortaliza un banquete de la época victoriana."La comida es una buena excusa para traer a la gente al museo", señala la conservadora acerca de una exposición que se mostrará al público hasta el 6 de enero y con la que se pretende impulsar el turismo en el condado de County Durham.El mismo objetivo persigue el castillo de Auckland, situado en una localidad cercana y antigua sede de los obispos de Durham que, actualmente, busca financiación para convertirse en museo y en una atracción turística más.Entre sus atractivos cuenta con casi toda la colección de "Jacobo y sus doce hijos" del pintor español Francisco de Zurbarán, adquirida en 1756 por el obispo Richard Trevor y salvada el año pasado de ser subastada gracias a una donación millonaria de un filántropo.Los cuadros, de casi dos metros y medio y pintados por Zurbarán entre 1640 y 1645, representan a Jacobo y sus doce hijos. El duodécimo, Bejamín, no es en realidad obra del pintor extremeño sino del británico Arthur Pond, artista del siglo XVIII. Paula Díaz.

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