El lento exilio hacia la India de los hindúes de Pakistán

La partición del subcontinente indio menguó de hindúes hace más de seis décadas al islámico Pakistán pero muchos que se quedaron intentan ahora asentarse en la India huyendo de la persecución de las minorías religiosas en el vecino país.El último censo oficial, que fue hecho hace más de una década, establece que el hinduismo es practicado por el 1,6 % de la población paquistaní, lo que situaría el músculo de esta comunidad en unos 3 millones de personas.Esa cifra disminuye cada año, pues decenas de familias hindúes paquistaníes buscan refugio en territorio indio, al que llegan generalmente con visado de peregrinación, una tendencia que ha aumentado al calor del deterioro de la seguridad en Pakistán.Este es el caso de una cuarentena de personas que hoy sobreviven con un futuro incierto en el norte de Nueva Delhi en un improvisado campamento de tiendas de campaña junto al templo Dera Baba Dhuni Das, su último emplazamiento tras un año en la capital india.Son siete familias, integradas por más niños que adultos, que no dudaron en abandonar sus pertenencias en la provincia paquistaní de Sindh en cuanto obtuvieron un visado indio de corta duración."En Pakistán no podíamos ir al templo, ni tan siquiera trabajar. Teníamos miedo a salir de casa y a que musulmanes radicales nos atacaran", explicó a Efe Rukmani Devi, de 25 años, contenta por poder llevar ahora libremente la tikka, polvo de color que se aplican en la frente sobre todo las mujeres hindúes.Otro joven miembro de la comunidad, Gurmukh Das, denunció habituales conversiones forzosas y abusos frecuentes sobre las mujeres de su colectivo en Pakistán.Según Das, "la mayoría" de sus familiares y amigos "están intentando venir" a la India, aunque lograrlo es complicado pues conseguir pasaporte y visado cuando no se dispone de muchos recursos puede llevar varios años."Pakistán va a desaparecer. Todos los días muere gente. Aquí, en cambio, hay respeto entre las religiones", agregó Das, sentado en un desvencijado camastro, mientras las mujeres cocinaban y los niños pequeños jugaban descalzos por el patio.Tanto él como el resto de los hombres adultos se ganan la vida comerciando con cubiertas de móviles, o con fruta y verduras que compran de madrugada en un mercado de abastos y luego venden para conseguir unas 150 rupias al día (unos 2,8 dólares)."No tenemos licencia para vender así que nos vemos obligados a pagar un soborno mensual", dijo a Efe Mitu Mal, de 50 años de edad."Solo queremos un lugar para vivir. Esto es un templo y no nos podemos quedar aquí mucho más", subrayó.En diciembre de 2011, el Tribunal Superior de Delhi dictaminó que estas familias y otras que se han desperdigado por distintos puntos de la capital "no pueden ser deportadas" a Pakistán, por lo que de momento pueden quedarse hasta que se aclare su situación.Posiblemente, el grupo irá encadenando visados de larga duración, lejos de los derechos de la nacionalidad india y sin estatus de refugiado, ya que la India no suele concederlo."Es obligación del Gobierno indio hacerse responsable de los hindúes que se quedaron en Pakistán", criticó el abogado Rajesh Gogna, secretario de Human Rights Defense, una ONG que defiende los derechos de los hindúes que huyen de países en los que son minoría.Gogna explicó a Efe que ha habido un cierto aperturismo en los últimos años en la política del Estado, aunque aseguró que este tipo de exiliados todavía afrontan muchas dificultades para regularizar su situación."Antes no daban visados de larga duración. Ahora sí los están concediendo porque todo el mundo sabe lo que está pasando con las minorías en Pakistán", deslizó.Según un oficial del Ministerio indio de Información, Kuldeep Singh, en el último año el número de familias paquistaníes que está solicitando visados de peregrinación se ha triplicado.La fuente precisó, no obstante, que se trata de unos pocos centenares y negó que Nueva Delhi tenga una política de apoyo a los hindúes de Pakistán para que se instalen en la India."El movimiento es bidireccional. Los sijs también van a Pakistán", alegó Singh, que obvió que los fieles de esta comunidad religiosa después regresan a su país, algo que no sucede con la mayoría de los hindúes paquistaníes.La emigración de hindúes a la India desde Pakistán tuvo su cenit en 1947, año en que ambos países se independizaron del Imperio Británico y en el que millones de fieles fueron asesinados tratando de cruzar de un lado a otro.Otros acontecimientos históricos, como guerras o disturbios confesionales, han motivado también importantes flujos migratorios. Igor G. Barbero

La partición del subcontinente indio menguó de hindúes hace más de seis décadas al islámico Pakistán pero muchos que se quedaron intentan ahora asentarse en la India huyendo de la persecución de las minorías religiosas en el vecino país.El último censo oficial, que fue hecho hace más de una década, establece que el hinduismo es practicado por el 1,6 % de la población paquistaní, lo que situaría el músculo de esta comunidad en unos 3 millones de personas.Esa cifra disminuye cada año, pues decenas de familias hindúes paquistaníes buscan refugio en territorio indio, al que llegan generalmente con visado de peregrinación, una tendencia que ha aumentado al calor del deterioro de la seguridad en Pakistán.Este es el caso de una cuarentena de personas que hoy sobreviven con un futuro incierto en el norte de Nueva Delhi en un improvisado campamento de tiendas de campaña junto al templo Dera Baba Dhuni Das, su último emplazamiento tras un año en la capital india.Son siete familias, integradas por más niños que adultos, que no dudaron en abandonar sus pertenencias en la provincia paquistaní de Sindh en cuanto obtuvieron un visado indio de corta duración."En Pakistán no podíamos ir al templo, ni tan siquiera trabajar. Teníamos miedo a salir de casa y a que musulmanes radicales nos atacaran", explicó a Efe Rukmani Devi, de 25 años, contenta por poder llevar ahora libremente la tikka, polvo de color que se aplican en la frente sobre todo las mujeres hindúes.Otro joven miembro de la comunidad, Gurmukh Das, denunció habituales conversiones forzosas y abusos frecuentes sobre las mujeres de su colectivo en Pakistán.Según Das, "la mayoría" de sus familiares y amigos "están intentando venir" a la India, aunque lograrlo es complicado pues conseguir pasaporte y visado cuando no se dispone de muchos recursos puede llevar varios años."Pakistán va a desaparecer. Todos los días muere gente. Aquí, en cambio, hay respeto entre las religiones", agregó Das, sentado en un desvencijado camastro, mientras las mujeres cocinaban y los niños pequeños jugaban descalzos por el patio.Tanto él como el resto de los hombres adultos se ganan la vida comerciando con cubiertas de móviles, o con fruta y verduras que compran de madrugada en un mercado de abastos y luego venden para conseguir unas 150 rupias al día (unos 2,8 dólares)."No tenemos licencia para vender así que nos vemos obligados a pagar un soborno mensual", dijo a Efe Mitu Mal, de 50 años de edad."Solo queremos un lugar para vivir. Esto es un templo y no nos podemos quedar aquí mucho más", subrayó.En diciembre de 2011, el Tribunal Superior de Delhi dictaminó que estas familias y otras que se han desperdigado por distintos puntos de la capital "no pueden ser deportadas" a Pakistán, por lo que de momento pueden quedarse hasta que se aclare su situación.Posiblemente, el grupo irá encadenando visados de larga duración, lejos de los derechos de la nacionalidad india y sin estatus de refugiado, ya que la India no suele concederlo."Es obligación del Gobierno indio hacerse responsable de los hindúes que se quedaron en Pakistán", criticó el abogado Rajesh Gogna, secretario de Human Rights Defense, una ONG que defiende los derechos de los hindúes que huyen de países en los que son minoría.Gogna explicó a Efe que ha habido un cierto aperturismo en los últimos años en la política del Estado, aunque aseguró que este tipo de exiliados todavía afrontan muchas dificultades para regularizar su situación."Antes no daban visados de larga duración. Ahora sí los están concediendo porque todo el mundo sabe lo que está pasando con las minorías en Pakistán", deslizó.Según un oficial del Ministerio indio de Información, Kuldeep Singh, en el último año el número de familias paquistaníes que está solicitando visados de peregrinación se ha triplicado.La fuente precisó, no obstante, que se trata de unos pocos centenares y negó que Nueva Delhi tenga una política de apoyo a los hindúes de Pakistán para que se instalen en la India."El movimiento es bidireccional. Los sijs también van a Pakistán", alegó Singh, que obvió que los fieles de esta comunidad religiosa después regresan a su país, algo que no sucede con la mayoría de los hindúes paquistaníes.La emigración de hindúes a la India desde Pakistán tuvo su cenit en 1947, año en que ambos países se independizaron del Imperio Británico y en el que millones de fieles fueron asesinados tratando de cruzar de un lado a otro.Otros acontecimientos históricos, como guerras o disturbios confesionales, han motivado también importantes flujos migratorios. Igor G. Barbero

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