Al menos 7 muertos y 120 heridos en enfrentamientos en la ciudad libia de Beni Walid

Un año después de la muerte del dictador Muamar al Gadafi y el anuncio de la liberación de Libia, el país todavía está en el punto muerto político, económico y de seguridad y la transición está casi bloqueada.La constatación la ha hecho sin la menor complacencia y en los términos mas amargos el personaje principal de esta transición, el presidente del Parlamento libio, Mohamed al Magrif.En una intervención anoche en la televisión local, el presidente de la Asamblea Nacional del Congreso (CGN, el Parlamento elegido en julio pasado) empleó laspalabras "negligencia", "retraso", "descontento","caos ","desorden" o incluso "corrupción" para describir la situación que vive su país.Al Magrif apuntaba como el gran desafío sobre todo de la seguridad del país, diciendo que la ausencia de un Ejército y de la policía y la falta de control de armas es una "negligencia".En el país hay todavía milicias fuertemente armadas que, aunque las autoridades dicen que están afiliadas a las fuerzas regulares, continúan imponiendo su ley en muchos lugares.La inseguridad reina en varias ciudades y los asesinatos son frecuentes especialmente en Bengasi, bastión de la rebelión.Uno de los peores episodios fue el atentado del pasado 11 de septiembre contra la embajada de EE.UU en Bengasi, en el que murió el embajador, Christopher Steven y otros tres funcionarios estadounidenses.Otro palo en la rueda de la estabilidad y la preservación de la seguridad de Libia es Bani Walid, último bastión del antiguo régimen, todavía refugio de cientos de partidarios de Gadafi.Esta ciudad, situada al sureste de la capital, se escapa totalmente del control de las autoridades nuevas, está sitiada desde hace casi dos semanas.Violentos enfrentamientos han tenido lugar en los últimos días, con el saldo de varios muertos y heridos.En el plano político, las dificultades son mayores, y la parálisis de la administración pública tiene un impacto negativo en la vida cotidiana de la población.Si desea obtener la confianza del Parlamento, el nuevo primer ministro, Ali Zidan, necesitará lograr un equilibrio perfecto entre las diferentes fuerzas y regiones.El mismo sentimiento de decepción es formulado por Mohamed Zin el Abidin, miembro del antiguo Consejo Nacional de Transición (CNT), brazo político de la rebelión durante la revolución, que deploró la situación en su país y apuesta por la aplicación de un "gobierno fuerte" para poner en Libia en marcha.Al Berasi Mohamed Aisa, un líder de la rebelión en la ciudad de Bengasi, cree que la seguridad y la paz y a la que aspiran los libios están aun lejos."Los libios quieren una vida digna y libre, la democracia y un Estado moderno con instituciones fuertes, pero por desgracia un grupo de oportunistas se opone a los objetivos de nuestra revolución noble", señaló.La profesora Mehasen Bashir se preguntó por la ausencia de una fiesta para celebrar el primer aniversario de la liberación de Libia de la dictadura anterior y manifestó que sus compatriotas aun están esperando para disfrutar de los frutos de los sacrificios que hicieron durante la revolución. Esam Zuber

Un año después de la muerte del dictador Muamar al Gadafi y el anuncio de la liberación de Libia, el país todavía está en el punto muerto político, económico y de seguridad y la transición está casi bloqueada.La constatación la ha hecho sin la menor complacencia y en los términos mas amargos el personaje principal de esta transición, el presidente del Parlamento libio, Mohamed al Magrif.En una intervención anoche en la televisión local, el presidente de la Asamblea Nacional del Congreso (CGN, el Parlamento elegido en julio pasado) empleó laspalabras "negligencia", "retraso", "descontento","caos ","desorden" o incluso "corrupción" para describir la situación que vive su país.Al Magrif apuntaba como el gran desafío sobre todo de la seguridad del país, diciendo que la ausencia de un Ejército y de la policía y la falta de control de armas es una "negligencia".En el país hay todavía milicias fuertemente armadas que, aunque las autoridades dicen que están afiliadas a las fuerzas regulares, continúan imponiendo su ley en muchos lugares.La inseguridad reina en varias ciudades y los asesinatos son frecuentes especialmente en Bengasi, bastión de la rebelión.Uno de los peores episodios fue el atentado del pasado 11 de septiembre contra la embajada de EE.UU en Bengasi, en el que murió el embajador, Christopher Steven y otros tres funcionarios estadounidenses.Otro palo en la rueda de la estabilidad y la preservación de la seguridad de Libia es Bani Walid, último bastión del antiguo régimen, todavía refugio de cientos de partidarios de Gadafi.Esta ciudad, situada al sureste de la capital, se escapa totalmente del control de las autoridades nuevas, está sitiada desde hace casi dos semanas.Violentos enfrentamientos han tenido lugar en los últimos días, con el saldo de varios muertos y heridos.En el plano político, las dificultades son mayores, y la parálisis de la administración pública tiene un impacto negativo en la vida cotidiana de la población.Si desea obtener la confianza del Parlamento, el nuevo primer ministro, Ali Zidan, necesitará lograr un equilibrio perfecto entre las diferentes fuerzas y regiones.El mismo sentimiento de decepción es formulado por Mohamed Zin el Abidin, miembro del antiguo Consejo Nacional de Transición (CNT), brazo político de la rebelión durante la revolución, que deploró la situación en su país y apuesta por la aplicación de un "gobierno fuerte" para poner en Libia en marcha.Al Berasi Mohamed Aisa, un líder de la rebelión en la ciudad de Bengasi, cree que la seguridad y la paz y a la que aspiran los libios están aun lejos."Los libios quieren una vida digna y libre, la democracia y un Estado moderno con instituciones fuertes, pero por desgracia un grupo de oportunistas se opone a los objetivos de nuestra revolución noble", señaló.La profesora Mehasen Bashir se preguntó por la ausencia de una fiesta para celebrar el primer aniversario de la liberación de Libia de la dictadura anterior y manifestó que sus compatriotas aun están esperando para disfrutar de los frutos de los sacrificios que hicieron durante la revolución. Esam Zuber

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