La situación política en Portugal pone de relieve el vasto poder del presidente

La inédita situación que vive Portugal en torno a la formación de Gobierno coloca en primer plano al jefe del Estado, a quien la Constitución otorga amplios poderes a la hora de decidir quién es el próximo primer ministro tras las elecciones legislativas del 4 de octubre.A punto de expirar su segundo y último mandato, Aníbal Cavaco Silva debe afrontar un dilema nunca planteado antes desde la llegada de la democracia al país (1974) y elegir entre dos candidatos que dicen tener condiciones para tomar posesión: su correligionario, el conservador Pedro Passos Coelho, en el cargo desde 2011, y el socialista António Costa.Passos Coelho fue el aspirante más votado (con casi el 39 % de las papeletas), aunque no tiene mayoría absoluta, mientras que Costa (con más del 32 % de los sufragios) negocia un acuerdo tripartito con la extrema izquierda que, de salir adelante, le daría superioridad en la Cámara, pero cuya duración y condiciones despiertan dudas.La tercera opción sería repetir los comicios, un escenario poco atractivo para Cavaco, ya que implicaría dejar al actual Ejecutivo en funciones -con limitaciones a nivel de gestión, como no poder aprobar nuevos Presupuestos para 2016- al menos hasta junio debido a los plazos exigidos por la ley, afectados por las presidenciales previstas para el próximo enero.Ante este panorama, el presidente desempeña un papel clave debido a las características del sistema político luso, definido como semipresidencialista -al estilo del de Francia- y que se caracteriza porque el jefe del Estado es elegido por sufragio directo y tiene responsabilidades en la formación del Ejecutivo.Así lo explica en declaraciones a EFE el experto en Derecho Constitucional Tiago Duarte, socio del bufete de abogados PLMJ, quien incide en las diferencias con el sistema parlamentario que rige en países como España o Alemania.La Constitución portuguesa sólo impone dos límites a la libertad del presidente para escoger a quien encarga la formación de Gobierno: reunirse antes con todos los partidos con asiento parlamentario (un mero trámite) y "tener en cuenta los resultados electorales"."El texto deja un gran margen a la interpretación", tercia Tiago Duarte, quien recuerda que, después del fin de la dictadura, siempre lideró Portugal el candidato más votado, independientemente de contar o no con mayoría absoluta.Una vez hecha la elección, el partido elegido debe formar Gobierno, tomar posesión oficialmente y presentar su programa en el Parlamento en un plazo inferior a diez días.Pese a la falta de mayoría absoluta, en Portugal analistas y expertos coinciden en apuntar que Cavaco Silva -antiguo líder de los conservadores lusos- se decantará por el candidato de centro-derecha por haber vencido en las urnas.De confirmarse, el momento clave llegaría con la presentación del programa de Gobierno en el Parlamento."La Constitución no obliga a que haya una votación de ese programa y que tenga que ser aprobado por los diputados, sólo a presentarlo. Esta medida fue creada precisamente para proteger a los gobiernos minoritarios", explica Tiago Duarte.Sin embargo, la normativa permite a la oposición presentar justo en ese momento una "moción de rechazo" -marxistas y comunistas ya anunciaron que lo harán-, que, de ser aprobada por una mayoría de la Cámara, implica la disolución inmediata del Ejecutivo."Y la nominación del Gobierno vuelve al principio", es decir, a las manos del presidente, según este jurista, quien insiste en que no existen plazos ni más reglas.Para que el Parlamento tumbe al Ejecutivo recién formado, los socialistas deberían votar a favor de la "moción de rechazo", una cuestión que por el momento la formación de António Costa no ha aclarado, a la espera de conocer la decisión de Cavaco Silva.Llegado ese punto, el jefe del Estado podría optar por un primer ministro de izquierdas, por dejar al actual en funciones o por volver a procurar un acercamiento entre socialistas y conservadores, tal y como ya hizo durante una crisis de Gobierno registrada en la legislatura pasada.

La inédita situación que vive Portugal en torno a la formación de Gobierno coloca en primer plano al jefe del Estado, a quien la Constitución otorga amplios poderes a la hora de decidir quién es el próximo primer ministro tras las elecciones legislativas del 4 de octubre.A punto de expirar su segundo y último mandato, Aníbal Cavaco Silva debe afrontar un dilema nunca planteado antes desde la llegada de la democracia al país (1974) y elegir entre dos candidatos que dicen tener condiciones para tomar posesión: su correligionario, el conservador Pedro Passos Coelho, en el cargo desde 2011, y el socialista António Costa.Passos Coelho fue el aspirante más votado (con casi el 39 % de las papeletas), aunque no tiene mayoría absoluta, mientras que Costa (con más del 32 % de los sufragios) negocia un acuerdo tripartito con la extrema izquierda que, de salir adelante, le daría superioridad en la Cámara, pero cuya duración y condiciones despiertan dudas.La tercera opción sería repetir los comicios, un escenario poco atractivo para Cavaco, ya que implicaría dejar al actual Ejecutivo en funciones -con limitaciones a nivel de gestión, como no poder aprobar nuevos Presupuestos para 2016- al menos hasta junio debido a los plazos exigidos por la ley, afectados por las presidenciales previstas para el próximo enero.Ante este panorama, el presidente desempeña un papel clave debido a las características del sistema político luso, definido como semipresidencialista -al estilo del de Francia- y que se caracteriza porque el jefe del Estado es elegido por sufragio directo y tiene responsabilidades en la formación del Ejecutivo.Así lo explica en declaraciones a EFE el experto en Derecho Constitucional Tiago Duarte, socio del bufete de abogados PLMJ, quien incide en las diferencias con el sistema parlamentario que rige en países como España o Alemania.La Constitución portuguesa sólo impone dos límites a la libertad del presidente para escoger a quien encarga la formación de Gobierno: reunirse antes con todos los partidos con asiento parlamentario (un mero trámite) y "tener en cuenta los resultados electorales"."El texto deja un gran margen a la interpretación", tercia Tiago Duarte, quien recuerda que, después del fin de la dictadura, siempre lideró Portugal el candidato más votado, independientemente de contar o no con mayoría absoluta.Una vez hecha la elección, el partido elegido debe formar Gobierno, tomar posesión oficialmente y presentar su programa en el Parlamento en un plazo inferior a diez días.Pese a la falta de mayoría absoluta, en Portugal analistas y expertos coinciden en apuntar que Cavaco Silva -antiguo líder de los conservadores lusos- se decantará por el candidato de centro-derecha por haber vencido en las urnas.De confirmarse, el momento clave llegaría con la presentación del programa de Gobierno en el Parlamento."La Constitución no obliga a que haya una votación de ese programa y que tenga que ser aprobado por los diputados, sólo a presentarlo. Esta medida fue creada precisamente para proteger a los gobiernos minoritarios", explica Tiago Duarte.Sin embargo, la normativa permite a la oposición presentar justo en ese momento una "moción de rechazo" -marxistas y comunistas ya anunciaron que lo harán-, que, de ser aprobada por una mayoría de la Cámara, implica la disolución inmediata del Ejecutivo."Y la nominación del Gobierno vuelve al principio", es decir, a las manos del presidente, según este jurista, quien insiste en que no existen plazos ni más reglas.Para que el Parlamento tumbe al Ejecutivo recién formado, los socialistas deberían votar a favor de la "moción de rechazo", una cuestión que por el momento la formación de António Costa no ha aclarado, a la espera de conocer la decisión de Cavaco Silva.Llegado ese punto, el jefe del Estado podría optar por un primer ministro de izquierdas, por dejar al actual en funciones o por volver a procurar un acercamiento entre socialistas y conservadores, tal y como ya hizo durante una crisis de Gobierno registrada en la legislatura pasada.

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