Israel, ante el dilema de convertirse en Lejano Oeste por profusión de armas

Las solicitudes de miles de israelíes para conseguir una licencia de armas, ante una mayor permisibilidad al respecto por la ola de violencia que vive la región, han abierto la polémica sobre las futuras consecuencias de una política que, para muchos, convertirá a Israel en el Lejano Oeste.Las nuevas regulaciones, sometidas a un exhaustivo debate en los medios de comunicación desde su aprobación la semana pasada, agilizan la tenencia de armas, de forma que miles de personas pueden ahora solicitarlas."Sólo el mes pasado murieron dos mujeres por violencia familiar. Una persona murió en una disputa por un aparcamiento. ¿Cómo creen nuestros líderes que las armas en las calles afectarán a estos datos (de criminalidad)?", se pregunta el columnista Shabtay Bendet en un artículo titulado "Bienvenido al Lejano Oeste".Él es uno de tantos que han mostrado su oposición a la profusión de armas, después de que durante la última década se hicieran esfuerzos para rebajarlas en más de un 25 %.Según los últimos datos, en Israel existen alrededor de 290.000 licencias, de ellas unas 160.000 en manos particulares y 130.000 en las de empresas privadas de seguridad, lo que equivale a un arma por cada diecinueve habitantes adultos, sin incluir las armerías de las agencias gubernamentales de seguridad.Ahora, las nuevas regulaciones agilizan los criterios de solicitud y la concesión de esos permisos, pero el interesado debe aún pasar exámenes médicos, psiquiátricos y legales para poder conseguir una licencia de armas, un proceso de varios meses.Las autorizaciones se han dado a raíz de la ola violencia que agita la región desde el 1 de octubre, en la que se ha producido una treintena de ataques por parte de palestinos y árabes israelíes, generalmente apuñalamientos, pero a veces también con armas de fuego o mediante atropellos."No hay duda de que la percepción de seguridad se ha deteriorado mucho, que el ciudadano percibe un riesgo inmediato nada más salir a la calle", explica a Efe Elías Soae, experto israelí en seguridad comunitaria y asesor de varios gobiernos locales en América Latina.Implacable generalmente contra la profusión de armas, Soae sostiene en este caso que se trata de "una situación extrema y anormal, con un terrorismo rampante, en la que el apoyo del ciudadano a las fuerzas de seguridad está siendo crucial a la hora de evitar víctimas".Según datos de la Estrella Roja de David, equivalente a Cruz Roja en Israel, nueve israelíes han muerto y más de 120 han resultado heridos en esta espiral, en la que también ha muerto un emigrante eritreo y un israelí confundidos con un atacante.En el lado palestino, los muertos ascienden a 52, la mitad de ellos atacantes o supuestos atacantes y el resto en protestas en Gaza y los territorios ocupados de Jerusalén Este y Cisjordania. Los heridos superan en este caso el millar.Ante el miedo a salir a las calles, los establecimientos de armas en Israel han registrado incrementos "hasta del 20-25 % en la venta de armas de fuego y de 400 % en medios no letales", indica Itzik Mizrahi, propietario de la armería Magnun, en Jerusalén."Obtener una licencia de armas lleva tiempo, por lo que el efecto de la regulación no se ve inmediatamente en las ventas", dice a Efe.Sí lo perciben en las oficinas de registro de armas del Ministerio del Interior, donde las solicitudes han pasado de unas 200 al día a varios miles, una demanda que no tiene precedente, ni siquiera en los peores días de la Segunda Intifada (2000-2005)."Entonces había mucho atentado suicida con bomba y con armas automáticas, no tenía el carácter popular de estos días de un individuo con un cuchillo al que se le puede hacer frente", señala Soae.Frente a los temores de aquellos que se oponen, por el impacto que tantas armas tendrán en el futuro en una sociedad ya de por sí militarizada, el experto asegura que, curiosamente, la tenencia de armas en Israel no suele traducirse en mayor criminalidad."Por naturaleza -advierte- las armas siempre tienen riesgos. Ha habido algunos accidentes, casos de violencia familiar y también errores"."Pero las estadísticas no muestran más robos, ni asesinatos, ni violencia callejera. ¡A nadie se le ocurre asaltar un banco con un arma registrada a su nombre!", matiza, al recordar que "el problema suelen ser las armas ilegales y en Israel no hay tantas".El recelo e incomodidad que la presencia de un vecino armado podía despertar en muchos israelíes hasta hace solo un mes, hoy ha cedido ante la cruda realidad y no son pocos los que dicen sentirse más seguros en un parque o un supermercado si a su lado hay alguien armado que, eventualmente, pueda defenderles."Todo es una cuestión de percepción", señala Soae, para quien la solución a futuro pasa por que "las armas vuelvan obligatoriamente a la caja fuerte de cada uno (es obligatorio tenerla) una vez concluida la ola de terror". Por Elías L. Benarroch

Las solicitudes de miles de israelíes para conseguir una licencia de armas, ante una mayor permisibilidad al respecto por la ola de violencia que vive la región, han abierto la polémica sobre las futuras consecuencias de una política que, para muchos, convertirá a Israel en el Lejano Oeste.Las nuevas regulaciones, sometidas a un exhaustivo debate en los medios de comunicación desde su aprobación la semana pasada, agilizan la tenencia de armas, de forma que miles de personas pueden ahora solicitarlas."Sólo el mes pasado murieron dos mujeres por violencia familiar. Una persona murió en una disputa por un aparcamiento. ¿Cómo creen nuestros líderes que las armas en las calles afectarán a estos datos (de criminalidad)?", se pregunta el columnista Shabtay Bendet en un artículo titulado "Bienvenido al Lejano Oeste".Él es uno de tantos que han mostrado su oposición a la profusión de armas, después de que durante la última década se hicieran esfuerzos para rebajarlas en más de un 25 %.Según los últimos datos, en Israel existen alrededor de 290.000 licencias, de ellas unas 160.000 en manos particulares y 130.000 en las de empresas privadas de seguridad, lo que equivale a un arma por cada diecinueve habitantes adultos, sin incluir las armerías de las agencias gubernamentales de seguridad.Ahora, las nuevas regulaciones agilizan los criterios de solicitud y la concesión de esos permisos, pero el interesado debe aún pasar exámenes médicos, psiquiátricos y legales para poder conseguir una licencia de armas, un proceso de varios meses.Las autorizaciones se han dado a raíz de la ola violencia que agita la región desde el 1 de octubre, en la que se ha producido una treintena de ataques por parte de palestinos y árabes israelíes, generalmente apuñalamientos, pero a veces también con armas de fuego o mediante atropellos."No hay duda de que la percepción de seguridad se ha deteriorado mucho, que el ciudadano percibe un riesgo inmediato nada más salir a la calle", explica a Efe Elías Soae, experto israelí en seguridad comunitaria y asesor de varios gobiernos locales en América Latina.Implacable generalmente contra la profusión de armas, Soae sostiene en este caso que se trata de "una situación extrema y anormal, con un terrorismo rampante, en la que el apoyo del ciudadano a las fuerzas de seguridad está siendo crucial a la hora de evitar víctimas".Según datos de la Estrella Roja de David, equivalente a Cruz Roja en Israel, nueve israelíes han muerto y más de 120 han resultado heridos en esta espiral, en la que también ha muerto un emigrante eritreo y un israelí confundidos con un atacante.En el lado palestino, los muertos ascienden a 52, la mitad de ellos atacantes o supuestos atacantes y el resto en protestas en Gaza y los territorios ocupados de Jerusalén Este y Cisjordania. Los heridos superan en este caso el millar.Ante el miedo a salir a las calles, los establecimientos de armas en Israel han registrado incrementos "hasta del 20-25 % en la venta de armas de fuego y de 400 % en medios no letales", indica Itzik Mizrahi, propietario de la armería Magnun, en Jerusalén."Obtener una licencia de armas lleva tiempo, por lo que el efecto de la regulación no se ve inmediatamente en las ventas", dice a Efe.Sí lo perciben en las oficinas de registro de armas del Ministerio del Interior, donde las solicitudes han pasado de unas 200 al día a varios miles, una demanda que no tiene precedente, ni siquiera en los peores días de la Segunda Intifada (2000-2005)."Entonces había mucho atentado suicida con bomba y con armas automáticas, no tenía el carácter popular de estos días de un individuo con un cuchillo al que se le puede hacer frente", señala Soae.Frente a los temores de aquellos que se oponen, por el impacto que tantas armas tendrán en el futuro en una sociedad ya de por sí militarizada, el experto asegura que, curiosamente, la tenencia de armas en Israel no suele traducirse en mayor criminalidad."Por naturaleza -advierte- las armas siempre tienen riesgos. Ha habido algunos accidentes, casos de violencia familiar y también errores"."Pero las estadísticas no muestran más robos, ni asesinatos, ni violencia callejera. ¡A nadie se le ocurre asaltar un banco con un arma registrada a su nombre!", matiza, al recordar que "el problema suelen ser las armas ilegales y en Israel no hay tantas".El recelo e incomodidad que la presencia de un vecino armado podía despertar en muchos israelíes hasta hace solo un mes, hoy ha cedido ante la cruda realidad y no son pocos los que dicen sentirse más seguros en un parque o un supermercado si a su lado hay alguien armado que, eventualmente, pueda defenderles."Todo es una cuestión de percepción", señala Soae, para quien la solución a futuro pasa por que "las armas vuelvan obligatoriamente a la caja fuerte de cada uno (es obligatorio tenerla) una vez concluida la ola de terror". Por Elías L. Benarroch

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