El cantante mexicano Andrés Márquez cumple su "sueño americano"

El creador del éxito "Hotel El Cid" hoy lo vive en carne propia, gracias a su pasión y a su dedicación por la música.     Pero, sobre todo, al espíritu inquebrantable de superación que le inculcó su padre, un emigrante mexicano que con su ejemplo le demostró que "sí se puede".       "Yo sí puedo decir que alcancé el sueño americano gracias a las enseñanzas de mi padre", expresó a Efe el joven oriundo de Bejucar, Jalisco, que a los siete años de edad emigró a Los Ángeles con su padre y sus hermanos.       "Mi mamá murió cuando yo tenía dos años y mis hermanos y yo vivíamos en México en un rancho. Una tía le dijo a mi padre: 'Llévatelos a Estados Unidos para que estudien', y eso hicimos en el 91. Fue muy duro", recordó.       Al principio vivían en un cuarto demasiado pequeño para todos; luego se mudaron a un garaje. El dinero era escaso. Pero no les faltaba el buen ejemplo de su padre.       "Mi padre se dedicó a nosotros; él nunca tomó, solo trabajaba para darnos una vida mejor", apuntó con emoción.       Pero a pesar de las necesidades y las privaciones, los sueños no faltaban. Desde muy pequeño, a Andrés le gustaba "la cantada"; de hecho, le venía de herencia, pues su padre cantaba en su pueblo.        Pero según pasaban los años la realidad se imponía y el joven se dio cuenta de que había que pensar, ante todo, en la supervivencia.       "No tenia papeles para estudiar, así que con la ayuda de mi papá agarré un carrito en una subasta, lo arreglé y lo vendí. Eso seguí haciendo hasta que abrí mi primer negocio pequeño de carros", recordó.       Andrés se dedicó de lleno a su negocio, donde trabajaba desde el amanecer hasta bien entrada la noche. Pero aunque los autos le dejaban dinero, el sueño de toda una vida seguía presente y cada día lo llamaba con más fuerza. Por eso desoyó cuando alguien le dijo "mejor vete a trabajar".       "Yo me iba a cantar a escondidas, en bares. No se lo decía a mi familia, pero quería hacerlo como profesional. Un día me hablé claro y me dije: 'No quiero jugar a tener un sueño'. Y me pregunté ¿de veras quiero hacerlo?".       La respuesta fue un rotundo "sí". En 2005 Andrés dejó el negocio y, en sus propias palabras, "quedé en cero".       El joven perseveró hasta que la maestra Margarita Garza no solo lo escuchó, sino que creyó en él y lo llevo con una discográfica donde grabó sus primeros temas.       En 2006 salió su primera producción discográfica, "Amigos con derechos", cuyo primer sencillo del mismo título pegó con fuerza. A ese primer éxito se le unió el más grande de su carrera hasta ahora, "Hotel El Cid".       A partir de ese momento su música de banda, suave y romántica, ha conquistado el corazón del público, principalmente el femenino. Hoy este triunfador de origen humilde prepara su próximo álbum que sale a la venta en noviembre titulado "Verás".       "A los jóvenes latinos que tienen un sueño les digo que hay que sacrificar y creer en uno; que no caigan en vicios ni dejen de trabajar día y noche. Eso me enseñó mi padre", finalizó con convicción.

El creador del éxito "Hotel El Cid" hoy lo vive en carne propia, gracias a su pasión y a su dedicación por la música.     Pero, sobre todo, al espíritu inquebrantable de superación que le inculcó su padre, un emigrante mexicano que con su ejemplo le demostró que "sí se puede".       "Yo sí puedo decir que alcancé el sueño americano gracias a las enseñanzas de mi padre", expresó a Efe el joven oriundo de Bejucar, Jalisco, que a los siete años de edad emigró a Los Ángeles con su padre y sus hermanos.       "Mi mamá murió cuando yo tenía dos años y mis hermanos y yo vivíamos en México en un rancho. Una tía le dijo a mi padre: 'Llévatelos a Estados Unidos para que estudien', y eso hicimos en el 91. Fue muy duro", recordó.       Al principio vivían en un cuarto demasiado pequeño para todos; luego se mudaron a un garaje. El dinero era escaso. Pero no les faltaba el buen ejemplo de su padre.       "Mi padre se dedicó a nosotros; él nunca tomó, solo trabajaba para darnos una vida mejor", apuntó con emoción.       Pero a pesar de las necesidades y las privaciones, los sueños no faltaban. Desde muy pequeño, a Andrés le gustaba "la cantada"; de hecho, le venía de herencia, pues su padre cantaba en su pueblo.        Pero según pasaban los años la realidad se imponía y el joven se dio cuenta de que había que pensar, ante todo, en la supervivencia.       "No tenia papeles para estudiar, así que con la ayuda de mi papá agarré un carrito en una subasta, lo arreglé y lo vendí. Eso seguí haciendo hasta que abrí mi primer negocio pequeño de carros", recordó.       Andrés se dedicó de lleno a su negocio, donde trabajaba desde el amanecer hasta bien entrada la noche. Pero aunque los autos le dejaban dinero, el sueño de toda una vida seguía presente y cada día lo llamaba con más fuerza. Por eso desoyó cuando alguien le dijo "mejor vete a trabajar".       "Yo me iba a cantar a escondidas, en bares. No se lo decía a mi familia, pero quería hacerlo como profesional. Un día me hablé claro y me dije: 'No quiero jugar a tener un sueño'. Y me pregunté ¿de veras quiero hacerlo?".       La respuesta fue un rotundo "sí". En 2005 Andrés dejó el negocio y, en sus propias palabras, "quedé en cero".       El joven perseveró hasta que la maestra Margarita Garza no solo lo escuchó, sino que creyó en él y lo llevo con una discográfica donde grabó sus primeros temas.       En 2006 salió su primera producción discográfica, "Amigos con derechos", cuyo primer sencillo del mismo título pegó con fuerza. A ese primer éxito se le unió el más grande de su carrera hasta ahora, "Hotel El Cid".       A partir de ese momento su música de banda, suave y romántica, ha conquistado el corazón del público, principalmente el femenino. Hoy este triunfador de origen humilde prepara su próximo álbum que sale a la venta en noviembre titulado "Verás".       "A los jóvenes latinos que tienen un sueño les digo que hay que sacrificar y creer en uno; que no caigan en vicios ni dejen de trabajar día y noche. Eso me enseñó mi padre", finalizó con convicción.

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