El mundo árabe mira a América Latina con mucha admiración, afirma Marzouki

El presidente de Túnez, Moncef Marzouki, afirmó hoy, en entrevista con Efe, que "el mundo árabe mira a América Latina con mucha admiración" y ambas regiones buscan un enriquecimiento mutuo en lo político, lo económico y lo social."El mundo árabe mira a América Latina con mucha admiración porque han conocido la misma historia que nosotros: los golpes de Estado, la pobreza y la democracia. Hemos transitado el mismo camino. Es necesario construir relaciones entre los dos bloques que pueden llegar a ser buenas durante el tiempo", detalló Marzouki.El mandatario, quien participará mañana en Lima en la III Cumbre de América del Sur-Países Árabes (ASPA), acotó que las relaciones entre ambos bloques son aún incipientes, pero consideró un signo de voluntad política que sus autoridades se reúnan a pesar de la distancia geográfica."Espero que de acá a 20 o 30 años las relaciones entre América Latina y el mundo árabe sean tan importantes como las que se tienen con Europa", opinó.Con casi un año en el Gobierno, Marzouki resaltó la herencia común entre árabes y latinoamericanos, quienes recibieron inmigrantes que habían estado en contacto con su cultura y dijo que esperaba aprender de la experiencia suramericana."Por mi parte, estoy interesado en la lucha contra la pobreza que hacen los peruanos y los brasileños, en la forma en que los argentinos hacen la justicia de transición cuando eliminaron su dictadura con la contrarrevolución", manifestó.También indicó que su país espera dejar atrás las secuelas de "la dictadura" del expresidente Zine el-Abidine Ben Ali, que gobernó durante 23 años, con la aceleración de "reformas políticas y sociales"."El pasado es muy pesado porque durante 50 años Túnez ha estado privada de libertad, de democracia y muchas enfermedades se desarrollaron en todos los sistemas, por ejemplo, en el judicial, en la seguridad y la educación, y se tiene que reconstruir de ruinas y eso toma mucho tiempo", aseveró.La revuelta social que estalló en Túnez en enero de 2011 con la muerte de Mohamed Bouazizi, un joven de 26 años que vendía verduras y que se inmoló prendiéndose fuego en reclamo por la falta de trabajo y la corrupción de las autoridades, desató la caída del régimen de Ben Ali.Esto contagió a otras poblaciones de la región que se levantaron contra los gobiernos autoritarios, lo que fue conocido como la primavera árabe.Para Marzouki, el sacrificio de Bouazizi es un símbolo de la protesta de la juventud desempleada que intenta trabajar en el sector informal para subsistir, impedida de hacerlo en la economía formal por la burocracia corrupta."La situación es difícil porque cuando tienes una revolución se destruye el sistema político y es necesario reconstruirlo. Eso toma tiempo y es necesario construir un sistema económico y de educación para combatir la pobreza. No hay resultados inmediatos", destacó.Marzouki espera que los jóvenes de su país sientan los cambios que se van gestando a partir de la libertades públicas y los derechos sociales y económicos para que tengan paciencia y se llenen de valor."Actualmente casi hemos terminado la Constitución. Vamos a tener elecciones legislativas y presidenciales en unos meses. El sistema político será totalmente reestructurado", puntualizó.El presidente tunecino añadió que su país "avanza entre turbulencias" y que está siempre amenazado por la violencia del partido salafista, un grupo islamista minoritario, al que calificó de ser el equivalente de la extrema derecha en América Latina.

El presidente de Túnez, Moncef Marzouki, afirmó hoy, en entrevista con Efe, que "el mundo árabe mira a América Latina con mucha admiración" y ambas regiones buscan un enriquecimiento mutuo en lo político, lo económico y lo social."El mundo árabe mira a América Latina con mucha admiración porque han conocido la misma historia que nosotros: los golpes de Estado, la pobreza y la democracia. Hemos transitado el mismo camino. Es necesario construir relaciones entre los dos bloques que pueden llegar a ser buenas durante el tiempo", detalló Marzouki.El mandatario, quien participará mañana en Lima en la III Cumbre de América del Sur-Países Árabes (ASPA), acotó que las relaciones entre ambos bloques son aún incipientes, pero consideró un signo de voluntad política que sus autoridades se reúnan a pesar de la distancia geográfica."Espero que de acá a 20 o 30 años las relaciones entre América Latina y el mundo árabe sean tan importantes como las que se tienen con Europa", opinó.Con casi un año en el Gobierno, Marzouki resaltó la herencia común entre árabes y latinoamericanos, quienes recibieron inmigrantes que habían estado en contacto con su cultura y dijo que esperaba aprender de la experiencia suramericana."Por mi parte, estoy interesado en la lucha contra la pobreza que hacen los peruanos y los brasileños, en la forma en que los argentinos hacen la justicia de transición cuando eliminaron su dictadura con la contrarrevolución", manifestó.También indicó que su país espera dejar atrás las secuelas de "la dictadura" del expresidente Zine el-Abidine Ben Ali, que gobernó durante 23 años, con la aceleración de "reformas políticas y sociales"."El pasado es muy pesado porque durante 50 años Túnez ha estado privada de libertad, de democracia y muchas enfermedades se desarrollaron en todos los sistemas, por ejemplo, en el judicial, en la seguridad y la educación, y se tiene que reconstruir de ruinas y eso toma mucho tiempo", aseveró.La revuelta social que estalló en Túnez en enero de 2011 con la muerte de Mohamed Bouazizi, un joven de 26 años que vendía verduras y que se inmoló prendiéndose fuego en reclamo por la falta de trabajo y la corrupción de las autoridades, desató la caída del régimen de Ben Ali.Esto contagió a otras poblaciones de la región que se levantaron contra los gobiernos autoritarios, lo que fue conocido como la primavera árabe.Para Marzouki, el sacrificio de Bouazizi es un símbolo de la protesta de la juventud desempleada que intenta trabajar en el sector informal para subsistir, impedida de hacerlo en la economía formal por la burocracia corrupta."La situación es difícil porque cuando tienes una revolución se destruye el sistema político y es necesario reconstruirlo. Eso toma tiempo y es necesario construir un sistema económico y de educación para combatir la pobreza. No hay resultados inmediatos", destacó.Marzouki espera que los jóvenes de su país sientan los cambios que se van gestando a partir de la libertades públicas y los derechos sociales y económicos para que tengan paciencia y se llenen de valor."Actualmente casi hemos terminado la Constitución. Vamos a tener elecciones legislativas y presidenciales en unos meses. El sistema político será totalmente reestructurado", puntualizó.El presidente tunecino añadió que su país "avanza entre turbulencias" y que está siempre amenazado por la violencia del partido salafista, un grupo islamista minoritario, al que calificó de ser el equivalente de la extrema derecha en América Latina.

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