El Canal de Panamá en una dura encrucijada en el año de su centenario

La Autoridad del Canal de Panamá (ACP) cumplía religiosamente con su informe trimestral de avance de la ampliación, pero no contó con que GUPC se saliera del libreto y "filtrara" a la prensa su ultimátum de 1.600 millones de dólares en "sobrecostes". EFE/ Galería
Una embarcación transita por la esclusa de Miraflores este jueves 9 de enero de 2014, en el Canal de Panamá (Panamá). EFE Galería

La Autoridad del Canal de Panamá (ACP) cumplía religiosamente con su informe trimestral de avance de la ampliación, pero no contó con que GUPC se saliera del libreto y "filtrara" a la prensa su ultimátum de 1.600 millones de dólares en "sobrecostes". EFE/

La joya de la corona de la economía panameña, el Canal de Panamá, está en su más dura encrucijada en el año de su centenario, con la ventaja de contar con la unidad nacional para terminar su ampliación si el consorcio internacional encargado decide abandonar la obra."Que se vayan, el canal es nuestro", afirmó en la Asamblea Nacional el diputado opositor Alcibiades Vásquez, quien recogió el sentimiento nacionalista de las calles panameñas ante el desafío del Grupo Unidos por el Canal (GUPC), encabezado por la española Sacyr y la italiana Impregilo, de suspender las obras el 20 de enero si no se reconocen sobrecostes por valor de 1.600 millones de dólares.Pero, ¿quien se equivoca en un 50 % en una licitación?, esa pregunta con cierta sorna flota en el ambiente y quien la hizo debe tener sus argumentos, pues fue el propio administrador del Canal de Panamá, Jorge Quijano.El conflicto se desencadenó el 30 de diciembre pasado, pero en noviembre ya había comentarios en la prensa local y en 2009, cuando GUPC obtuvo la licitación por casi 3.118 millones de dólares, ya se hablaba que uno de los socios principales, Sacyr, no cumpliría por estar supuestamente muy afectada por la crisis económica europea.Uno de los que más llamó la atención sobre el asunto fue el fallecido presidente Jorge Illueca, quien como una voz en el desierto insistió, junto con el profesor Julio Manduley, y el primer subadministrador panameño que tuvo la vía, Fernando Manfredo, en la inconveniencia tanto del proyecto en sí como del contratista.Pasaron los años y todo era felicidad con el avance de la obra, la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) cumplía religiosamente con su informe trimestral de avance de la ampliación, pero no contó con que GUPC se saliera del libreto y "filtrara" a la prensa su ultimátum de 1.600 millones de dólares en "sobrecostes".La "bomba" llegó desde Madrid, supuestamente lanzada por Sacyr, pero la reacción fue peor que la calculada: la ACP rechazo con firmeza las "presiones" y dijo que o se hablaba en las instancias contempladas en el contrato o, simplemente, se ejecutan las garantías y la construcción de las esclusas sigue, con o sin ellos.La mediación de la ministra española de Fomento, Ana Pastor, y del presidente panameño, Ricardo Martinelli, bajó las tensiones esta semana y logró que ambas partes, ACP y GUPC, se sentarán a hablar, pero las propuestas para evitar la suspensión de la obra son diametralmente opuestas.La ACP ofreció el 7 de diciembre 100 millones de dólares de capital fresco, no cobrar por ahora 83 millones que GUPC debe reembolsar por adelantos y que el consorcio aporte otros 100 millones, además de retirar la amenaza de suspensión de obras y otros detalles.GUPC, según la que parece la posición de Sacyr, pocas horas después pidió 400 millones de dólares a la ACP y ofreció 100 millones y que no se le cobren los adelantos hasta el fin del proceso de arbitraje por los otros reclamos de 1.600 millones de dólares, lo que Quijano rechazó.Para empeorar las cosas, el 8 de enero Impregilo lanzó un misil desde Roma, al pedir 1.000 millones de dólares de nuevo capital para finiquitar el entuerto.La petición parece extraña después de que, de los 3.200 millones contratados, el GUPC haya recibido ya 2.800 millones, incluidos casi 800 millones de adelantos.Jorge Quijano, que ese día compareció ante una comisión permanente de la Asamblea Nacional panameña para contestar lo que querían saber los diputados, fue tajante: "imposible" acceder a lo que piden Impregilo y GUPC, porque "está fuera del contrato".La ACP ha advertido que tiene todo el abecedario de opciones listo para seguir con el proyecto e incluso, en vísperas de celebrarse este 9 de enero medio siglo del inicio de la lucha por la recuperación del Canal de Panamá ante los Estados Unidos, envió un mensaje contundente por televisión.Flanqueado por cientos de los 10.000 trabajadores del Canal, en el área de construcción de las nuevas esclusas, casco de trabajo en mano, aseguró que la ampliación se va a terminar y sentenció: "Tenemos la capacidad".En la misma onda está Martinelli, quien ha reiterado que el mundo "tiene que convencerse" que la ampliación de la vía interoceánica se va a terminar.Los panameños han demostrado al mundo que saben administrar el Canal construido entre 1904 y 1914 por EE.UU. y que en catorce años de control aportado al fisco de Panamá 8.590,9 millones de dólares, mientras que los estadounidenses en 85 años (1914-1999) solo pagaron 1.833 millones.Con un 65 % de avance en la construcción de las gigantescas esclusas, nueve meses de retraso según el contrato con GUPC y demoras en la llegada de las compuertas desde Italia, la ACP se prepara para enfrentarse a la peor de las posibilidades: Que los principales socios del consorcio se vayan al no conseguir sus objetivos.

La joya de la corona de la economía panameña, el Canal de Panamá, está en su más dura encrucijada en el año de su centenario, con la ventaja de contar con la unidad nacional para terminar su ampliación si el consorcio internacional encargado decide abandonar la obra."Que se vayan, el canal es nuestro", afirmó en la Asamblea Nacional el diputado opositor Alcibiades Vásquez, quien recogió el sentimiento nacionalista de las calles panameñas ante el desafío del Grupo Unidos por el Canal (GUPC), encabezado por la española Sacyr y la italiana Impregilo, de suspender las obras el 20 de enero si no se reconocen sobrecostes por valor de 1.600 millones de dólares.Pero, ¿quien se equivoca en un 50 % en una licitación?, esa pregunta con cierta sorna flota en el ambiente y quien la hizo debe tener sus argumentos, pues fue el propio administrador del Canal de Panamá, Jorge Quijano.El conflicto se desencadenó el 30 de diciembre pasado, pero en noviembre ya había comentarios en la prensa local y en 2009, cuando GUPC obtuvo la licitación por casi 3.118 millones de dólares, ya se hablaba que uno de los socios principales, Sacyr, no cumpliría por estar supuestamente muy afectada por la crisis económica europea.Uno de los que más llamó la atención sobre el asunto fue el fallecido presidente Jorge Illueca, quien como una voz en el desierto insistió, junto con el profesor Julio Manduley, y el primer subadministrador panameño que tuvo la vía, Fernando Manfredo, en la inconveniencia tanto del proyecto en sí como del contratista.Pasaron los años y todo era felicidad con el avance de la obra, la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) cumplía religiosamente con su informe trimestral de avance de la ampliación, pero no contó con que GUPC se saliera del libreto y "filtrara" a la prensa su ultimátum de 1.600 millones de dólares en "sobrecostes".La "bomba" llegó desde Madrid, supuestamente lanzada por Sacyr, pero la reacción fue peor que la calculada: la ACP rechazo con firmeza las "presiones" y dijo que o se hablaba en las instancias contempladas en el contrato o, simplemente, se ejecutan las garantías y la construcción de las esclusas sigue, con o sin ellos.La mediación de la ministra española de Fomento, Ana Pastor, y del presidente panameño, Ricardo Martinelli, bajó las tensiones esta semana y logró que ambas partes, ACP y GUPC, se sentarán a hablar, pero las propuestas para evitar la suspensión de la obra son diametralmente opuestas.La ACP ofreció el 7 de diciembre 100 millones de dólares de capital fresco, no cobrar por ahora 83 millones que GUPC debe reembolsar por adelantos y que el consorcio aporte otros 100 millones, además de retirar la amenaza de suspensión de obras y otros detalles.GUPC, según la que parece la posición de Sacyr, pocas horas después pidió 400 millones de dólares a la ACP y ofreció 100 millones y que no se le cobren los adelantos hasta el fin del proceso de arbitraje por los otros reclamos de 1.600 millones de dólares, lo que Quijano rechazó.Para empeorar las cosas, el 8 de enero Impregilo lanzó un misil desde Roma, al pedir 1.000 millones de dólares de nuevo capital para finiquitar el entuerto.La petición parece extraña después de que, de los 3.200 millones contratados, el GUPC haya recibido ya 2.800 millones, incluidos casi 800 millones de adelantos.Jorge Quijano, que ese día compareció ante una comisión permanente de la Asamblea Nacional panameña para contestar lo que querían saber los diputados, fue tajante: "imposible" acceder a lo que piden Impregilo y GUPC, porque "está fuera del contrato".La ACP ha advertido que tiene todo el abecedario de opciones listo para seguir con el proyecto e incluso, en vísperas de celebrarse este 9 de enero medio siglo del inicio de la lucha por la recuperación del Canal de Panamá ante los Estados Unidos, envió un mensaje contundente por televisión.Flanqueado por cientos de los 10.000 trabajadores del Canal, en el área de construcción de las nuevas esclusas, casco de trabajo en mano, aseguró que la ampliación se va a terminar y sentenció: "Tenemos la capacidad".En la misma onda está Martinelli, quien ha reiterado que el mundo "tiene que convencerse" que la ampliación de la vía interoceánica se va a terminar.Los panameños han demostrado al mundo que saben administrar el Canal construido entre 1904 y 1914 por EE.UU. y que en catorce años de control aportado al fisco de Panamá 8.590,9 millones de dólares, mientras que los estadounidenses en 85 años (1914-1999) solo pagaron 1.833 millones.Con un 65 % de avance en la construcción de las gigantescas esclusas, nueve meses de retraso según el contrato con GUPC y demoras en la llegada de las compuertas desde Italia, la ACP se prepara para enfrentarse a la peor de las posibilidades: Que los principales socios del consorcio se vayan al no conseguir sus objetivos.

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