Homegirl Café ofrece una nueva oportunidad a jóvenes en problemas

Homegirl Café es la versión femenina de la conocida obra Homeboys Industries, del sacerdote jesuita Gregg Boyle, pastor de la Misión Dolores y quien ha hecho de la recuperación de pandilleros su propia misión en la vida.Homegirl Café es un restaurante en Los Angeles (California) que ofrece un trabajo a jóvenes que viven en ambientes de violencia, como es el caso de Pamela Díaz, quien al salir de la cárcel en febrero de 2011 no encontraba un empleo.Pamela creció en un ambiente difícil en el que llegó hasta el punto de compartir con su propia madre y hermana la droga a la que se había hecho adicta desde los 15 años.A pesar de no estar nunca 'oficialmente' afiliada a una pandilla, compartía su tiempo con miembros de algunas de estas peligrosas organizaciones, que había conocido desde pequeña en su barrio natal al este de Los Angeles.Pero en noviembre de 2011 Homegirl Café le dio la mano que nunca tuvo para salir adelante.Recibió clases para aprender a ser madre, ya que ya había perdido a dos hijos a manos de los servicios sociales, así como asesoría para comenzar unas visitas controladas a la hija que había dado a luz en prisión y que también estaba por perder.La fundadora de Homegirl Café es Pati Zarate, activista comunitaria nacida en Guadalajara, secretaria de Boyle y chef, quien comenzó su labor contratando a estas chicas para su restaurante 'El Zarape'.Zarate fue mentora de jovencitas a través de su pasión por la comida y el resultado de este trabajo fue la apertura de Homegirl Café en 2005, un restaurante en el que se ayuda a mujeres como Pamela, por medio de un concepto que sus fundadores conocen bien tras una larga experiencia con comunidades marginadas: que no hay nada mejor que un trabajo para detener las balas de la violencia.Hoy Pamela tiene la custodia plena de su niña y por fin está libre de la adicción a las drogas, pero lo más importante es que tiene un trabajo estable en donde conocen su historia y le permiten soñar con un futuro que nunca creyó posible."Amo este trabajo y que me hayan dado la oportunidad, tengo supervisores que saben quien soy, no tengo que esconderlo, pero además recibo mucha ayuda como terapias y clases cuando las necesito", explicó Díaz a Efe sobre su trabajo como mesera en Homegirl Café.En la actualidad, unas 40 chicas trabajan a tiempo completo en el restaurante y en total hay unas 145 personas que reciben entrenamiento en el café, así como en empresas relacionadas como Homeboy Bakery, Homeboy Farmers Markets o la tienda del café.Para Díaz, su trabajo en el restaurante ha sido también una lección de vida."He aprendido lo que significa la responsabilidad de tener que estar en mi trabajo diariamente a tiempo y a mantener un trabajo por más un año. Soy capaz de pagar mis cuentas, mi renta y darle a mi hija lo que necesita, hasta compré un carro", señaló.Su historia se entrelaza con la de Sara Gaitán, quien se encarga de sembrar y cosechar algunas de las verduras y las hierbas que se usan para el menú del café en una pequeña huerta ubicada a las afueras del restaurante."Me metí al mundo de las pandillas desde los 13 años y recibí un balazo en el pecho a los 18. A los 20 pasé mi primer término carcelario y me fue imposible conseguir un trabajo al salir. Homeboy Industries y Homegirl Café me dieron esa oportunidad de cambiar mi vida", explicó a Efe.Como muchas de las chicas que trabajan en el café, Gaitán no tuvo una estructura familiar estable, y tras la muerte de su padre se dejó arrastrar por el confuso mundo de la vida de la calle."No hay amor como el amor de los 'homeys' -término que denota amistad entre pandilleros- que no es como el amor de la familia pero es casi mejor, pero llega un punto en que se borra la línea entre el amor y los problemas, y no es sino hasta que somos mayores que nos damos cuenta de esa diferencia y muchas veces es demasiado tarde", afirmó.Ahora, las cosas son distintas para Gaitán, quien lleva un año y medio a cargo de este huerto orgánico, una de cuatro con los que Homegirl Café planea producir el 30 % del total de sus verduras y sus hierbas para finales de año."La gente no cree y duda, acá no te juzgan y las puertas están abiertas para todo el mundo, si fallas es por ti, no porque te cierren las puertas, es porque decidiste ser negativo", agregó sobre Homegirl Café, que sirve a unas 2.500 personas a las semana.Anualmente, unas 10.000 personas se acercan a Homeboys Industries para emplearse, eliminar un tatuaje o asistir a capacitaciones permanentes.

Homegirl Café es la versión femenina de la conocida obra Homeboys Industries, del sacerdote jesuita Gregg Boyle, pastor de la Misión Dolores y quien ha hecho de la recuperación de pandilleros su propia misión en la vida.Homegirl Café es un restaurante en Los Angeles (California) que ofrece un trabajo a jóvenes que viven en ambientes de violencia, como es el caso de Pamela Díaz, quien al salir de la cárcel en febrero de 2011 no encontraba un empleo.Pamela creció en un ambiente difícil en el que llegó hasta el punto de compartir con su propia madre y hermana la droga a la que se había hecho adicta desde los 15 años.A pesar de no estar nunca 'oficialmente' afiliada a una pandilla, compartía su tiempo con miembros de algunas de estas peligrosas organizaciones, que había conocido desde pequeña en su barrio natal al este de Los Angeles.Pero en noviembre de 2011 Homegirl Café le dio la mano que nunca tuvo para salir adelante.Recibió clases para aprender a ser madre, ya que ya había perdido a dos hijos a manos de los servicios sociales, así como asesoría para comenzar unas visitas controladas a la hija que había dado a luz en prisión y que también estaba por perder.La fundadora de Homegirl Café es Pati Zarate, activista comunitaria nacida en Guadalajara, secretaria de Boyle y chef, quien comenzó su labor contratando a estas chicas para su restaurante 'El Zarape'.Zarate fue mentora de jovencitas a través de su pasión por la comida y el resultado de este trabajo fue la apertura de Homegirl Café en 2005, un restaurante en el que se ayuda a mujeres como Pamela, por medio de un concepto que sus fundadores conocen bien tras una larga experiencia con comunidades marginadas: que no hay nada mejor que un trabajo para detener las balas de la violencia.Hoy Pamela tiene la custodia plena de su niña y por fin está libre de la adicción a las drogas, pero lo más importante es que tiene un trabajo estable en donde conocen su historia y le permiten soñar con un futuro que nunca creyó posible."Amo este trabajo y que me hayan dado la oportunidad, tengo supervisores que saben quien soy, no tengo que esconderlo, pero además recibo mucha ayuda como terapias y clases cuando las necesito", explicó Díaz a Efe sobre su trabajo como mesera en Homegirl Café.En la actualidad, unas 40 chicas trabajan a tiempo completo en el restaurante y en total hay unas 145 personas que reciben entrenamiento en el café, así como en empresas relacionadas como Homeboy Bakery, Homeboy Farmers Markets o la tienda del café.Para Díaz, su trabajo en el restaurante ha sido también una lección de vida."He aprendido lo que significa la responsabilidad de tener que estar en mi trabajo diariamente a tiempo y a mantener un trabajo por más un año. Soy capaz de pagar mis cuentas, mi renta y darle a mi hija lo que necesita, hasta compré un carro", señaló.Su historia se entrelaza con la de Sara Gaitán, quien se encarga de sembrar y cosechar algunas de las verduras y las hierbas que se usan para el menú del café en una pequeña huerta ubicada a las afueras del restaurante."Me metí al mundo de las pandillas desde los 13 años y recibí un balazo en el pecho a los 18. A los 20 pasé mi primer término carcelario y me fue imposible conseguir un trabajo al salir. Homeboy Industries y Homegirl Café me dieron esa oportunidad de cambiar mi vida", explicó a Efe.Como muchas de las chicas que trabajan en el café, Gaitán no tuvo una estructura familiar estable, y tras la muerte de su padre se dejó arrastrar por el confuso mundo de la vida de la calle."No hay amor como el amor de los 'homeys' -término que denota amistad entre pandilleros- que no es como el amor de la familia pero es casi mejor, pero llega un punto en que se borra la línea entre el amor y los problemas, y no es sino hasta que somos mayores que nos damos cuenta de esa diferencia y muchas veces es demasiado tarde", afirmó.Ahora, las cosas son distintas para Gaitán, quien lleva un año y medio a cargo de este huerto orgánico, una de cuatro con los que Homegirl Café planea producir el 30 % del total de sus verduras y sus hierbas para finales de año."La gente no cree y duda, acá no te juzgan y las puertas están abiertas para todo el mundo, si fallas es por ti, no porque te cierren las puertas, es porque decidiste ser negativo", agregó sobre Homegirl Café, que sirve a unas 2.500 personas a las semana.Anualmente, unas 10.000 personas se acercan a Homeboys Industries para emplearse, eliminar un tatuaje o asistir a capacitaciones permanentes.

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