El escándalo empaña la moderación de Christie, su baza para la Casa Blanca

El gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie. EFE/Archivo El gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie. EFE/Archivo

El gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie. EFE/Archivo

El escándalo político en el que se ha visto involucrado esta semana el gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, ha empañado su fama de moderado, una reputación hasta ahora considerada como su mejor baza para devolver la Casa Blanca al Partido Republicano.La imagen de Christie como la apuesta republicana más sólida de cara a las elecciones de 2016 ha quedado dañada tras demostrarse la implicación de su oficina en el corte de varios carriles de un puente en Fort Lee (Nueva Jersey) como represalia contra el alcalde de la ciudad, un demócrata que no apoyó al gobernador en su reelección.Aunque Christie ha negado tener conocimiento alguno de estos hechos y se ha presentado como una víctima de sus subordinados, el escándalo ha sacado a la palestra nacional una cara del gobernador hasta ahora no tan conocida fuera del estado: la de un hombre que actúa con contundencia contra quienes despiertan su ira.Un compañero de su propio partido, el senador Lindsey Graham, lo definió tras el escándalo como un hombre "transaccional", es decir, "que premia a sus amigos y castiga a sus enemigos".Mucho más dura fue la demócrata a la que venció con holgura en las elecciones del año pasado, Barbara Buono, quien afirmó que el gobierno de Christie "no es una administración, sino una organización paramilitar".El propio gobernador ha repetido hasta la saciedad que él no es ningún "matón", aunque el escándalo ha rescatado situaciones del pasado en las que él y su equipo podrían haber utilizado su poder para ejercer represalias políticas contra sus adversarios o, al contrario, para agradecer favores.Por ejemplo, tras el huracán "Sandy" en noviembre de 2012, Christie ofreció un contrato de 150 millones de dólares a una empresa de Florida que, días después, donó 50.000 dólares a la Asociación de Gobernadores Republicanos, de la cual él era el vicepresidente.En los años noventa, cuando aún era un dirigente de condado, Christie fue demandado por difamación tras hacer una declaración falsa en un anuncio de campaña sobre su principal oponente político en aquel momento.Hasta esta semana, cuando la publicación de unos correos y mensajes comprometieron a su oficina, Christie había logrado que su creciente reputación de moderado y pragmático a nivel nacional eclipsara su fuerte personalidad y su fama de político agresivo.El gobernador se ha forjado una imagen de buen negociador tanto por sus logros al aprobar leyes con una Asamblea de mayoría demócrata en su estado como por la buena sintonía que ha mostrado en ocasiones con el Gobierno de Barack Obama, especialmente en la gestión del huracán "Sandy", que tuvo graves consecuencias en Nueva Jersey.Por eso, Christie es el favorito de la cúpula del Partido Republicano, un sector que da más importancia a las posibilidades que tiene un candidato para ser elegido que a su pureza ideológica.De hecho, si hasta ahora se ha considerado al gobernador de Nueva Jersey como la mejor apuesta republicana es porque se le ve como un candidato capaz de atraer tanto a los independientes como a los demócratas más conservadores.El escándalo del puente ha supuesto un soplo de aire fresco para el ala más conservadora de su partido y para el movimiento ultraconservador Tea Party, que lo rechaza como presidenciable por considerarlo demasiado moderado en asuntos como el control de armas, el cambio climático y el matrimonio entre personas del mismo sexo.Mientras que tanto dirigentes demócratas como voces conservadoras se han apresurado a dar por acabada su carrera presidencial, miembros destacados de su partido, como el presidente del Comité Nacional Republicano, Reince Priebus, han salido en su defensa.Quienes han querido mantenerse en un segundo plano y han evitado prodigarse en comentarios sobre el escándalo son dos de los hombres cuyos nombres suenan con más fuerza para competir con el gobernador en las primarias republicanas: el senador por Texas Ted Cruz y el de Florida Marco Rubio."Creo que lo correcto es ser prudentes y no sacar conclusiones todavía", dijo Rubio esta semana, mientras que Cruz alegó que no tenía tiempo para responder cuando fue preguntado por este asunto.Una de las bazas que comparten los tres potenciales candidatos a las primarias republicanas es su capacidad para ganarse a la comunidad hispana, un grupo de votantes clave en la carrera hacia la Casa Blanca en 2016.Aunque los primeros sondeos muestran que la aceptación de Christie ha caído a raíz del escándalo, los expertos en comunicación política consideran que el gobernador ha afrontado con valentía la crisis, al pedir disculpas, depurar responsabilidades y enfrentarse a una dura rueda de prensa de dos horas el jueves.Por tanto, queda por ver si Christie sabrá hacer uso de su conocida mano izquierda política para darle la vuelta a esta polémica y conseguir salir, si no reforzado, al menos ileso de un escándalo que, aunque por el momento no le señala directamente, si ha despertado dudas sobre su pretendida diplomacia y moderación.Cristina García Casado

El escándalo político en el que se ha visto involucrado esta semana el gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, ha empañado su fama de moderado, una reputación hasta ahora considerada como su mejor baza para devolver la Casa Blanca al Partido Republicano.La imagen de Christie como la apuesta republicana más sólida de cara a las elecciones de 2016 ha quedado dañada tras demostrarse la implicación de su oficina en el corte de varios carriles de un puente en Fort Lee (Nueva Jersey) como represalia contra el alcalde de la ciudad, un demócrata que no apoyó al gobernador en su reelección.Aunque Christie ha negado tener conocimiento alguno de estos hechos y se ha presentado como una víctima de sus subordinados, el escándalo ha sacado a la palestra nacional una cara del gobernador hasta ahora no tan conocida fuera del estado: la de un hombre que actúa con contundencia contra quienes despiertan su ira.Un compañero de su propio partido, el senador Lindsey Graham, lo definió tras el escándalo como un hombre "transaccional", es decir, "que premia a sus amigos y castiga a sus enemigos".Mucho más dura fue la demócrata a la que venció con holgura en las elecciones del año pasado, Barbara Buono, quien afirmó que el gobierno de Christie "no es una administración, sino una organización paramilitar".El propio gobernador ha repetido hasta la saciedad que él no es ningún "matón", aunque el escándalo ha rescatado situaciones del pasado en las que él y su equipo podrían haber utilizado su poder para ejercer represalias políticas contra sus adversarios o, al contrario, para agradecer favores.Por ejemplo, tras el huracán "Sandy" en noviembre de 2012, Christie ofreció un contrato de 150 millones de dólares a una empresa de Florida que, días después, donó 50.000 dólares a la Asociación de Gobernadores Republicanos, de la cual él era el vicepresidente.En los años noventa, cuando aún era un dirigente de condado, Christie fue demandado por difamación tras hacer una declaración falsa en un anuncio de campaña sobre su principal oponente político en aquel momento.Hasta esta semana, cuando la publicación de unos correos y mensajes comprometieron a su oficina, Christie había logrado que su creciente reputación de moderado y pragmático a nivel nacional eclipsara su fuerte personalidad y su fama de político agresivo.El gobernador se ha forjado una imagen de buen negociador tanto por sus logros al aprobar leyes con una Asamblea de mayoría demócrata en su estado como por la buena sintonía que ha mostrado en ocasiones con el Gobierno de Barack Obama, especialmente en la gestión del huracán "Sandy", que tuvo graves consecuencias en Nueva Jersey.Por eso, Christie es el favorito de la cúpula del Partido Republicano, un sector que da más importancia a las posibilidades que tiene un candidato para ser elegido que a su pureza ideológica.De hecho, si hasta ahora se ha considerado al gobernador de Nueva Jersey como la mejor apuesta republicana es porque se le ve como un candidato capaz de atraer tanto a los independientes como a los demócratas más conservadores.El escándalo del puente ha supuesto un soplo de aire fresco para el ala más conservadora de su partido y para el movimiento ultraconservador Tea Party, que lo rechaza como presidenciable por considerarlo demasiado moderado en asuntos como el control de armas, el cambio climático y el matrimonio entre personas del mismo sexo.Mientras que tanto dirigentes demócratas como voces conservadoras se han apresurado a dar por acabada su carrera presidencial, miembros destacados de su partido, como el presidente del Comité Nacional Republicano, Reince Priebus, han salido en su defensa.Quienes han querido mantenerse en un segundo plano y han evitado prodigarse en comentarios sobre el escándalo son dos de los hombres cuyos nombres suenan con más fuerza para competir con el gobernador en las primarias republicanas: el senador por Texas Ted Cruz y el de Florida Marco Rubio."Creo que lo correcto es ser prudentes y no sacar conclusiones todavía", dijo Rubio esta semana, mientras que Cruz alegó que no tenía tiempo para responder cuando fue preguntado por este asunto.Una de las bazas que comparten los tres potenciales candidatos a las primarias republicanas es su capacidad para ganarse a la comunidad hispana, un grupo de votantes clave en la carrera hacia la Casa Blanca en 2016.Aunque los primeros sondeos muestran que la aceptación de Christie ha caído a raíz del escándalo, los expertos en comunicación política consideran que el gobernador ha afrontado con valentía la crisis, al pedir disculpas, depurar responsabilidades y enfrentarse a una dura rueda de prensa de dos horas el jueves.Por tanto, queda por ver si Christie sabrá hacer uso de su conocida mano izquierda política para darle la vuelta a esta polémica y conseguir salir, si no reforzado, al menos ileso de un escándalo que, aunque por el momento no le señala directamente, si ha despertado dudas sobre su pretendida diplomacia y moderación.Cristina García Casado

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